
Desde chico tengo el don (don?) de ser consciente del estado del sueño, si quiero. Funciona así (puedo describir como funciona pero no puedo explicarlo). No se de que modo, cuando estoy soñando determinado tipo de cosas, mi lado consciente se "mete" en el sueño y me dice "es un sueño". Y ahí tengo algunos segundos en los que, en general, puedo elegir si seguir soñando o forzar despertarme. Como cuando uno intenta apagar una mac con un programa abierto, la mac pregunta, "seguro que quiere forzar la salida de este programa". Hay veces que opto por despertarme y me despierto, pero dentro del sueño. Es decir, me despierto del sueño que tenía pero aparezco en otro sueño nuevo. Ese proceso de ir despertando de diferentes "capas" de sueño puede durar dos, tres y hasta cuatro capas (de sueños).
Si pasa eso, en general todo termina en un grito ahogado y conmigo despertándome a esto que llamamos realidad. Con alivio, en general. Y con duda. O, a veces, con llanto.
Es la tormenta. Es la tormenta. Repetía en mi sueño la parte consciente anoche. La parte inconsciente respondía "no, es el fin del mundo". Forzá la salida del programa.
Me desperté. Con dudas. Salí de la cama, eran las 3.37am. Bajé la escalera en total oscuridad, ya conozco (bah, mi cuerpo conoce) cada escalón de memoria, el pasamanos, el descanso, el giro a la derecha al pie de la escalera para entrar en la cocina.
3.38am estaba en la cocina. Despierto. O trabado en alguna de las capas. No se.
No prendí la luz. No recuerdo haberla prendido. En los sueños pasa eso, de repente hay luz. De repente hay gente. De repente estás en otro lugar. O la cocina que es idéntica a "la cocina" no es "la cocina". En lo que llamamos realidad (es decir, en la última de las capas de sueño posibles) también pasa eso. Creo.
Sentados en la mesa de la cocina estaban Elliot Smith callado la boca y Brendan O`Shea contándole porque le había escrito Halos. Cuando yo llegué era evidente que habían estado ahí desde hacía varias horas. Es lindo escucharlo hablar a Brendan. Y es lindo mirarlo a Elliot. Brendan tenía su abrigo cruzado, negro, de botones grandes. Tipo marinero. Lo tenía puesto y cerrado. Elliot tenía un traje que le quedaba chico, una remera y unas zapatillas gastadas. El pelo, obviamente, engrasado. Yo los miré y seguí de largo hacia la heladera, me dieron ganas de tomar una Coca Light. Cuando volví a mirarlos, Elliot no tenía la edad de cuando murió sino que era un chico, como de 9 años y tenía puesta una remera de Kiss. Al ratito, Elliot volvió a ser el Elliot que conocemos. O que creemos que conocemos. Brendan lo conocía bien.
Me quedé mirándolos. Y recordé la primer noche de mi breve y profunda amistad con Brendan. El estaba en la barra del R-Bar. Yo también. Me le acerqué, saqué mi i-pod (que no se porqué cuando ponía su disco, aparecía con una fotito de la tapa en el display) se lo mostré, en la canción Our Place y le pregunté señalando el display (y sabiendo la respuesta) "are you THIS guy?". Le pregunté eso señalando un i-pod, y él entendió. Me miró y me contestó "hiya, let`s go to have a smoke outside" (outsshaid). Con una pinta de Guinness cada uno fuimos afuera, eran como las 11pm de un martes en Bowery, en el mes de noviembre. Ahí se paró el tiempo. A veces uno se despierta y cae en la capa de sueños correcta, esa escena era una de esas.
A las 7.38pm seguía llorando. No era la tormenta. Ni el fin del mundo. Era la pena. En todas las capas.
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