viernes, 22 de enero de 2010

Vamos a ver como es... el reino del revés (que espanto María Elena Walsh... que espanto!!!!)

Ahí puse CNN.

Hay un programa en directo, lleno de actores, directores de cine, conductores de televisión y músicos juntando plata para los negritos de Haiti, los que se quedaron sin ni siquiera eso que no llegaba a ser un país. Ahora tienen "eso", que no era ni un país, en ruinas.

Y que hacen los yankees? Un negocio. Estos tipos siempre igual, mientras el resto de los pueblos civilizados y cultos en serio se conduelen y se lamentan como corresponde por los pobres negritos (que horror!) los gringos arman un show. De todo hacen un show. Son los campeones de armar shows sobre los dramas.

Justo ahora están hablando Matt Damon y Clint Eastwood juntos. Spielberg atendiendo teléfonos. Está Clinton!!!! Chorro!!!!! Te hubieses acordado del pueblo haitiano cuando eras presidente!!!

En 10 minutos ya tocaron tres negras que no conozco, esas que cantan todas igual (de bien, diría mi hermano que es re pro-yankee), kid rock, sting, sherril crow y john legend. Es decir, como siempre, estos gringos que se caracterizan por el mal gusto, homologan todo en un pastiche de Broadway.

Justo ellos, los gringos.

Vamos por partes. Qué genera las catástrofes naturales? el calentamiento global. Quienes generan el calentamiento global? los yankees.

Y ahora, después de que la madre tierra, le pasa la factura de la fiesta de los gringos a los países pobres (o inexistentes) ellos (sí, los mismos que lo generaron) piden juntar dinero para "ayudarlos". Porqué no se acordaron de ayudar cuando era tiempo de hacerlo? eh?

Tendrían que aprender un poquito del resto del mundo progresista, que tan dolidos están por las pérdidas del hermano pueblo haitiano y no andan por ahí cantando canciones y mostrando el falso dolor para hacer un negocio de la catástrofe que ellos mismos generaron.


miércoles, 13 de enero de 2010

The Complete Series


Ya tengo 6 Kramers. Abrí la caja seis veces.

La cuestión es que estaba triste (no deprimido, sino triste) entonces el doctor Guasis me recomendó que dejé el Tylenol PM y me recetó la Caja Edición Limitada de todas las temporadas de Seinfeld.

Me llegó la Caja hace unos días y ya tomé seis dosis. Estoy mejor. Mucho mejor, la verdad. Resulta que la Caja funciona de la siguiente manera. Trae todos los DVDs de cada una de las temporadas con extras, comentarios, reportajes, etc. Trae además el libro coffee table, con las patitas. El original.

Pero el dato distintivo de la Caja Edición Limitada es que trae a Kramer de vecino. Desde el momento en que uno adquiere una de estas, Kramer pasa a ser el vecino de enfrente. Kramer pasa a ser REALMENTE el vecino nuevo de enfrente. Y entonces, cada vez que uno abre la Caja para sacar un DVD se abre abruptamente la puerta de la casa de uno y entra Kramer. Cada vez. En el mismo instante en que uno abre la Caja, entra Kramer. Sin que el sistema falle una sola vez. Y ese Kramer que entra nunca se va.

Con lo cual uno va acumulando tantos Kramers como veces abre la Caja.
Yo ya tomé seis dosis, tengo seis Kramers dando vueltas por ahí. Cada uno con diferentes camisas y pantalones y esos envidiables zapatos. Ya puedo decir que tengo dos Kramers enojados, uno eufórico y tres con hambre. En algún momento tendré que optar por seguir acumulando Kramers, volver a la tristeza o insistir con el Tylenol PM.


martes, 12 de enero de 2010

Prepare for sorrow, prepare for the grief.


Es la tormenta. Es la tormenta. Repetía en mi sueño. Es el fin del mundo, es la tormenta. Repetía.

Desde chico tengo el don (don?) de ser consciente del estado del sueño, si quiero. Funciona así (puedo describir como funciona pero no puedo explicarlo). No se de que modo, cuando estoy soñando determinado tipo de cosas, mi lado consciente se "mete" en el sueño y me dice "es un sueño". Y ahí tengo algunos segundos en los que, en general, puedo elegir si seguir soñando o forzar despertarme. Como cuando uno intenta apagar una mac con un programa abierto, la mac pregunta, "seguro que quiere forzar la salida de este programa". Hay veces que opto por despertarme y me despierto, pero dentro del sueño. Es decir, me despierto del sueño que tenía pero aparezco en otro sueño nuevo. Ese proceso de ir despertando de diferentes "capas" de sueño puede durar dos, tres y hasta cuatro capas (de sueños).

Si pasa eso, en general todo termina en un grito ahogado y conmigo despertándome a esto que llamamos realidad. Con alivio, en general. Y con duda. O, a veces, con llanto.

Es la tormenta. Es la tormenta. Repetía en mi sueño la parte consciente anoche. La parte inconsciente respondía "no, es el fin del mundo". Forzá la salida del programa.

Me desperté. Con dudas. Salí de la cama, eran las 3.37am. Bajé la escalera en total oscuridad, ya conozco (bah, mi cuerpo conoce) cada escalón de memoria, el pasamanos, el descanso, el giro a la derecha al pie de la escalera para entrar en la cocina.

3.38am estaba en la cocina. Despierto. O trabado en alguna de las capas. No se.

No prendí la luz. No recuerdo haberla prendido. En los sueños pasa eso, de repente hay luz. De repente hay gente. De repente estás en otro lugar. O la cocina que es idéntica a "la cocina" no es "la cocina". En lo que llamamos realidad (es decir, en la última de las capas de sueño posibles) también pasa eso. Creo.

Sentados en la mesa de la cocina estaban Elliot Smith callado la boca y Brendan O`Shea contándole porque le había escrito Halos. Cuando yo llegué era evidente que habían estado ahí desde hacía varias horas. Es lindo escucharlo hablar a Brendan. Y es lindo mirarlo a Elliot. Brendan tenía su abrigo cruzado, negro, de botones grandes. Tipo marinero. Lo tenía puesto y cerrado. Elliot tenía un traje que le quedaba chico, una remera y unas zapatillas gastadas. El pelo, obviamente, engrasado. Yo los miré y seguí de largo hacia la heladera, me dieron ganas de tomar una Coca Light. Cuando volví a mirarlos, Elliot no tenía la edad de cuando murió sino que era un chico, como de 9 años y tenía puesta una remera de Kiss. Al ratito, Elliot volvió a ser el Elliot que conocemos. O que creemos que conocemos. Brendan lo conocía bien.

Me quedé mirándolos. Y recordé la primer noche de mi breve y profunda amistad con Brendan. El estaba en la barra del R-Bar. Yo también. Me le acerqué, saqué mi i-pod (que no se porqué cuando ponía su disco, aparecía con una fotito de la tapa en el display) se lo mostré, en la canción Our Place y le pregunté señalando el display (y sabiendo la respuesta) "are you THIS guy?". Le pregunté eso señalando un i-pod, y él entendió. Me miró y me contestó "hiya, let`s go to have a smoke outside" (outsshaid). Con una pinta de Guinness cada uno fuimos afuera, eran como las 11pm de un martes en Bowery, en el mes de noviembre. Ahí se paró el tiempo. A veces uno se despierta y cae en la capa de sueños correcta, esa escena era una de esas.

A las 7.38pm seguía llorando. No era la tormenta. Ni el fin del mundo. Era la pena. En todas las capas.

viernes, 8 de enero de 2010

I love you.


“One belongs to New York instantly, one belongs to it as much in five minutes as in five years” (Thomas Wolfe)





























miércoles, 6 de enero de 2010

Little Red Rooster (o En busca del gallo perdido -o De Porqué Compramos Discos-)

Timmy tiene un año y cuatro meses. Un año y cuatro meses. El sábado subimos al auto y nos fuimos a un campo, al medio de la nada (o del todo -en realidad, la nada es esto donde estamos metidos habitualmente-).

A medida que ibamos por la ruta aparecían arboles y Timmy los señalaba y se ponía contento. Con los primeros caballos empezó a hacer ese ruido con la lengua cuando se despega del paladar y que intenta imitar el sonido de los cascos contra el piso.

Pero algo lo esperaba. Una nueva experiencia. Única. Nunca había visto un gallo en su vida. Bajamos del auto y lo primero que escuchó fue el grito del gallo (cocorocooooooooo!!!!!). Y se puso tenso, alerta. Abrió los ojos como dos huevos fritos y levantó los brazos al cielo. Pero se quedó estático, como presintiendo que algo extraordinario iba a pasar.

Un segundo (que pareció una eternidad) más tarde apareció de atrás de una vieja pared un ave. Enorme, erguida, con el orgullo de saber que era su show. Apareció el GALLO. Movio las alas y camino unos cuatro metros justo por adelante de los ojos de Timmy.

Los ojos de Timmy captaban por primera vez en su vida la imagen del gallo. Su sistema nervioso, su piel se paralizó frente a esa maravilla. Quedó unos segundos sin respirar, todavía con los brazos en alto. Y de repente, empezó a gritar, AAAAAAAAHHHHHHHHH AAAAAHHHHHHHH AAAAAAAHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Como un demente. Es que mucha realidad y belleza juntas vuelven loco a cualquiera. Como un demente hermoso, alegre y extasiado. Los gritos eran la expresión corporal de que su cuerpo y mente y espiritu habían rebalsado frente al enorme espectáculo de gallo. EL GALLO.

Y ahí, en ese momento, frente a esa imagen me dí cuenta da varias cosas. La primera es que el gallo es un animal fantástico, hermoso, imposible, impensable. La segunda es que estaba presenciando el momento exacto en que el hombre (Timmy) descubre lo imposible, lo incalculable, lo impredecible, un gallo. La tercera es que eso, esa experiencia de asombro, una vez perdida la infancia, no pasa más. O casi.

Durante la infancia el descubrimiento de lo imposible, el "viaje a la luna" o al "centro de la tierra" se produce todos los días, prácticamente. Especialmente durante los primeros 3 o 4 años de edad.




Y ahí es donde aparece el choque de sentimientos (míos). Ser testigo de ese descubrimiento por parte de Timmy me generó admiración y alegría. Pero (y hay un gran "pero") también nostalgia, casi tristeza.

Tristeza por mi propio límite, por tomar conciencia de que los gallos hace rato que no aparecen... y los sigo buscando. Y siguen sin aparecer.

Y se me ocurre que (entre otras cosas mucho más importantes) cada vez que compramos un disco estamos esperando al GALLO. Estamos esperando que ese disco tenga al GALLO de Timmy.

Y el Gallo no aparece, ni amenaza con aparecer... (como dijo un amigo mío, "qué va a aparecer...").