jueves, 31 de julio de 2008

Rock in Rufus. Rufus en Rio.

Rufus Wainwright (& Martha Wainwright & Kate McGarrigle), Sala Cecilia Meireles, Río de Janeiro (07/05/2008).


"Imperdible, si o si", me dijo el Borda cuando le pregunté si había que ir a ver a Rufus Wainwright.

La Sala Cecilia Meireles es un teatro de Río medio viejito, en Lapa, en medio del quilombo y del ruido, construido inicialmente para conciertos de musica de cámara. Tendrá una capacidad para 1000 personas, asientos de cuerina y madera. Divino. Fila 15.

Primero, un divertisísimo putódromo. Luego, Martha Wainwright como openning act, que es una especie de Dolly Parton de entre casa (en lo físico). Solita con su guitarra electro-acústica, una pinturita. La acompañó el marido, Brad, en contrabajo, en algunos temas. Después salió Kate McGarrigle, su madre, a tocar el piano. Impecable. Aclaró que su último disco iba a salir en 3 días en Europa ... Pero claro, El Oasis ya lo tenía y hacía un tiempo.

Al rato sale Rufus ... Casi sin saludar se puso a tocar el piano.

Rufus resultó graciocísimo. Entre los temas que tocó estuvieron: Cigarrettes and Chocolate Milk, Hallelujah (hacia el final), Over the Rainbow (con Kate en piano), Poses, Calfornia, Sans Souci, America, Gay Messiah ("This is for the gays"), Peach Trees ...

Vean cuánto talento tiene Rufus. En Peach Trees aclaró que quería hacerla un poco más bossa ... Le modificó el tempo y fue bossa nova en serio. Genio absoluto.

No faltó un tema de Judy Garland, una belleza total, todo el teatro en silencio sin creer lo que veía ...

En varios tuvo que volver a empezar porque se olvidaba las letras o le pifiaba en el piano. Nobody's Off the Hook fue un desastre si te pones a pensar. La empezó 3 veces y la última, en el medio, murmuró parte de la letra porque no la tenía. Y aclaró que tenía preparada una sorpresa ...

... cuando tocaron los 4 juntos (Rufus, Martha, Kate y Brad) hicieron Manhã de Carnaval, de Luiz Bonfá y Antonio Maria, soundtrack de la peli Orfeu Negro.

Kate: "I have been practising this song the whole day, listening to it over and over" ... empezaron y lo cantó Kate en un portugués tan pedorro que parecía francés. Salió muy lindo el tema y cuando terminó, Kate era la más contenta en todo el teatro. Se reía de emoción la vieja, no lo podía creer. Notable.

Rufus: "Cuz you know, when I was I kid I was not pretty, I was sort of ... a ferrit ... but now ... now, I have become a beautiful swan." Risas.

2 bises: Hallelujah y La Lune, de Moulin Rouge, en un francés perfecto.

Terminó ... "bonsoir à tous, bonne nuit". Increíble, un recital muy lindo. *Hermoso*.

Rufus en un teatro en Río no podía fallar y no falló.

miércoles, 30 de julio de 2008

martes, 29 de julio de 2008

LSD* para toda la semana:

In no particular order ...

James - The Best of (1998): Sí, un best of no sirve para nada. Pero si querés escuchar James y llegaste 15 años tarde a Madchester (si es que llegaste de alguna manera, tomandote el Delorean o algo parecido), no está mal. Como dijo mi alero: "¿Ubicás los anthems? Bueno, estos pibes hacen anthems". ¿En algún lado habrán más remeras de James que de The Cure? El Borda aseguró que si. Este dejenlo para el viernes.

Late of the Pier - Fantasy Black Channel (2008): Brillante. Ingleses (Castle Donnington) y se tocan todo. Te cambian el ritmo y a veces la música parece la de un juego de arcade, de esos viejos (onda Frogger). Según dicen vienen a Brasil, pero nadie sabe cuándo, a Rio de Janeiro, si claro, vamos vamos.

The Hours - Narcissus Road (2007): Nunca me cansaré de recomendar. Es rock poderoso y sus letras refieren a Homero Simpson y a Orenthal James Simpson. Falta Ms. Dalloway y estamos todos.

Bon Iver - For Emma, For Ever Ago (2008): Justin Vernon (aka Bon Iver) tenía dos bandas (Mount Vernon y DeYarmond Edison) que hacian un indie punk. Se cansó de todo, se fue no se cuántos meses a una cabaña en el medio de la nada en Wisconsin y grabó un disco que es una delicia. Para lo que te queda del buen invierno.

John Martyn - Solid Air (1973): Sí, estamos así. Folk etéreo de los setenta. El disco que inspiró White Ladder de David Gray. Un disco que me ponía triste, es decir, un buen disco. Cada tanto vuelve y esta semana se me pegó.

Cocteau Twins - Heaven or Las Vegas (1990): Cuántos le robaron a estos. Yo les robo todo el tiempo y no sé tocar nada. Una delicia.

Oasis - Don't believe the truth (2005): Mucky Fingers me mata. La primera vez que la esuché pensé: "El Dylan de 1965 (el del segundo set de los conciertos, digo) por arte de magia se sumó a la banda".

* LOS 7 DISCOS.

lunes, 28 de julio de 2008

There is no comfort in the eyes that put us always to the test.



Como dice el Borda, el problema nuestro es que, como no somos contemporáneos de lo que pasa afuera (donde pasan las cosas, no en este sótano olvidado), buscamos en los pequeños detalles de lo que nos pasa ese vínculo, esa conexión casual (o no, ¿qué importa?) que nos haga sentir al menos por un segundo fugaz que comprendemos algo de lo que pasa o que somos alguien que nació con otra suerte. Como lo comprende el que lo vive de modo natural.

El problema está cuando no tenés manera de resumir. Que es lo que te exige el mundo hoy, “resumí, loco, resumí”. Este blog no resume. Lo primero que me llamó la atención fue que yo me puse mi remera de Harvest, esa marrón con el redondel naranja en el medio y las letras igualitas al disco. La remera es como un disco de tela. Me la puse porque era la primera de la pila, y no desentonaba (con la situación, digo). No servían Guinness en lata sino en botellita, pero no esa con el cosito que hace de cuenta cuando la abrís que es cerveza tirada, sino la que adentro trae esa que parece agua, ¿viste? Igual me pedí un par mientras esperaba.

El Webster Hall me dió, esa noche y otras, enormes alegrías. Brendan O`Shea y Michael Brunnock estuvieron bien. Brendan en particular. Después salieron ellos. Como siempre caminando tranquilos, a sus lugares, sonriendo al borde de la adrenalina. Lo que pasa en los conciertos de The Frames es que todos saben que puede ser (no es seguro, pero puede ser, y eso ya es mucho) que ese sea el día en que van a ver uno de los mejores recitales de sus vidas. En las categorías bordeanas, son una banda provinciana. Y eso es lindo. En mi mapa musical esas bandas son las que mas me enamoran. En el 2001 compré For the Birds ahí en la esquina de Union Square. Me bastó escuchar dos canciones y media del disco arriba de un avión para volverme un adicto y nunca más dejarlo. Todavía hoy si me preguntás es uno de los cinco discos que están en el tope de mi lista (los otros cuatro pueden variar con el tiempo, ese queda fijo, siempre ahí como anclado en la base de mi nuca).

Cuando Glen Hansard tenía trece años, dicen (y a mí me gusta creer que es verdad), dejó el colegio para irse a Dublín y convertirse en un “busker”. Glen vivía en uno de esos barrios cercanos a Dublín de donde dicen que antes del boom (bún) económico no salías vivo, y si salías vivo tenías una jeringa clavada en el brazo y no te habías dado cuenta. Ballymoon. Entonces un profesor de la escuela donde iba se dio cuenta que este chico tenía algo particular, se distinguía del resto, sabía todo lo que había para saber sobre Leonard Cohen. Entonces el profesor le dijo “dejá la escuela ya mismo y andate a tocar la guitarra a la calle”. Glen le preguntó a su madre si lo apoyaba, la loca esa le dijo que “si” y ahí empezó la historia. ¿No te digo que no se puede resumir?

Una vez le comenté a Marketa Irglova que For the Birds era mi disco preferido de ellos y ella me dijo que para ella también. En general la gente se abraza mas a Dance the Devil, o Fitzcarraldo, que son maravillosos. Pero en mi caso, For the Birds resumía (acá te resumo, ¿ves?) muchos de los sonidos que yo venía escuchando desde chiquito. Culpa de Glen y culpa de Steve Albini. Con Marketa yo me venía escribiendo desde hacía tiempo. La noche siguiente al concierto de The Frames fui a ver a Tom MacRae al LivingRoom del Lower East Side. Para hacer tiempo antes del concierto entré en un barcito y ahí los encontré, Glen y Marketa tomando té con leche y comiendo capcakes. En una mesita. Nos saludamos, me presenté sin decirle a Marketa quien era yo. No se me ocurrió. Empezamos a hablar de música. Le comenté a Glen que me había encantado la versión de Out on the Weekend que hizo The Frames la noche anterior. Pensé en contarle que mientras ellos la tocaban, Joe Doyle (el bajista) me descubrió entre el público con la remera elegida, me miró y me hizo un saludo. Pero no les dije nada. Claro, hay mucho de poético en ese secreto que guardo con Doyle (lo guardo yo, él ni se debe acordar). Después de hablar unos cuantos minutos más Marketa me descubrió, “nosotros nos estuvimos escribiendo seguido ¿no?, no puedo creer conocerte al fin”. Gracioso. Yo estaba preocupado porque no pensaran que sería el Mark Chapman de sus vidas y ese pensamiento me retenía un poco de contarles todo lo que pensaba de ellos y de sus discos.


domingo, 27 de julio de 2008

Chelsea Basement

Para ese entonces éramos dos. Uno recién nacido y el otro casi trece años antes de nacer. Le pedimos a Bard que nos de una habitación y nos contestó “la última la tomó un tal Cohen, les puedo hacer un lugar en el sótano”. En esa época iban todos ahí. Si todo hubiese salido bien, nosotros también. Pero no. La historia es otra. Era el 4 de Octubre de 1971. Ya nadie se acuerda que estamos ahí, o acá. En el sótano. Hoy somos más, en cantidad digo. ¿Pero cómo puede ser? Y qué se yo, es así. Así es todo acá, antojadizo. Ya vas a ver. Tenemos un amigo, el Borda, que ya no recordamos si lo conocimos en 1971, en 1985, en 1994 o ayer, en una isla del Tigre, en un local que nunca existió y que todavía está ahí en la galería, en ese camino gris que va a Manchester, en Orchard St. acá cerca, en Río de Janeiro o a la vuelta del Massey Hall. Ah, uno de nosotros lo conoció en Praga, en el puente ese donde hace frío. Bueno, la cuestión es que Borda es lo que está bien de nosotros. Pero a nosotros dos nos dejaron ahí, y con el tiempo nos volvimos unos cuantos que después se escaparon y cada tanto nos mandan postales y cartas. Dicen que la culpa es de Borda. Yo creo que la culpa es de Bard.

¿Viste que cuando escribís en una hoja del cuadernito moleskin con birome o lápiz, si te fijas bien, en la hoja siguiente queda el trazo invisible de eso que escribiste, como un surco? Bueno, nosotros somos eso. Respecto del Borda, digo. Y respecto de lo que nos pasa (por los oídos sobre todo). Somos el sonido del MI sostenido, somos la melodía escondida en el pozo ese que aparece en el minuto 4.19 de A Day in the Life. Estamos en esos lugares donde nadie ve nada, donde nadie oye nada. Como Stanley Bard, que ni se acuerda que nos dejó entrar y quedarnos en el sótano. Y ahí estamos todavía. Como el surco en el moleskin.

No nos sale otra cosa, peleamos contra nuestro ADN y hacemos de cuenta que decimos cosas sobre música, o sobre lo que creemos que está cerca de eso que nosotros llamamos música. En realidad decimos lo que recibimos en cartas o postales de esos otros que un día se escaparon de este sótano. Esos que hablan con el Borda, o creen que hablan con el Borda.