sábado, 29 de noviembre de 2008

Del agua vienes y al agua volverás.


Un post del Borda en el caralibro de Ubu Roc, me obligó a revivir aquel dolor, aquella lastimadura y la justicia poética que nos da la espera (a veces). 

Para entendernos de entrada. 
Hubo una época (que capaz que duró unos minutos pero para mí fue una vida) en la quería ser Mike Scott. Mejor dicho, fuí Mike Scott. Mike Scott y yo fuimos la misma persona, varias veces. 

Pasé quince años escuchando y soñando con ver a The Waterboys. En mi primer viaje a Irlanda en el 2000 tenía agendado saldar la deuda, me tomo un bondi a Galway. Lluvia, llego de noche. Un viejo con una capera verde militar y un "pin" del IRA me pide plata. Le doy. Dejo la mochila en una habitación que iba a compartir con otros 15 tipos, en un hostel mugroso.

Voy al tipo de la entrada le pregunto donde quedaba el City Hall porque ahi iba a tocar Mike Scott con Steve Wickam. Me indica. Esa noche no podia dormir, asique me fui a un pub a chupar. Estaba el viejo de IRA, gastándose mi plata (que ahora era suya en Guinness).
A la mañana siguiente, sin desayunar camino raudo buscando el teatrito donde iba tocar Mike. Caminaba como cuando vas a la cancha, vistes? que caminas rápido aunque falten 2 horas para el partido. O al menos asi era cuando era chico e iba a la cancha los sabados (Quilmes era el capo de la B). Llego, me atiende una gordita con cachetes rojos.
Preparo mi mano para sacar la plata de un bolsillo. Digo con una sonrisa dormida, "quiero una entrada para el recital de esta noche de Mike Scott".

"No hay mas, está sold out hace dos meses".

Como? Esto que quiere decir? Pensaba, me cuestionaba, sin entender lo que estaba pasando. 
La gordita baja la mirada y sigue haciendo lo que estaba haciendo. Algo con papeles.
Nunca se me habia ocurrido pensar que habia que sacar entradas antes (tanto antes). Nunca se me habia ocurrido pensar ni siquiera en averiguar. Nunca se me había ocurrido pensar que iba a haber otra gente (tanta como asientos en ese teatro) que quisieran ver a los Waterboys.
Sali a la calle con el corazón partido al medio. Si te explico la tristeza que tenía no me creerías. Llovia. Seguía lloviendo. Un tipo que vendía claddagh rings en la calle gritaba "welcome to the ooooiiiiirishhhh sooooomer!"

Llamé a mis hermanos para que alguién supiera lo que me estaba pasando. No me quería volver, quería dejar de "estar".

Hice la mochila y me fui a otra ciudad, a ver otros recitales (un poco menos queridos, un poco menos soñados).
Ya casi había olvidado el desencuentro. Micke Scott seguiría siendo un sueño más en mi vida, una de esas inexistentes almas que tanto me sacó el sueño. No podrías saldar la cuenta de agradecerle This is The Sea, todo lo que vino antes y todo lo que vino después.
Al contarle a un dublinense lo que me había pasado, varios dias mas tarde, me pregunto: "y porque no te quedaste para la reventa en la puerta?"
Nunca se me había ocurrido que había reventa. La mina no me lo dijo. Yo asumí que cuando te dicen: "se acabaron las entradas" era como en los juegos de cuando eramos chicos. No habia "pido".
Y me volvió a romper el corazón.

El desenlace poético fue el pasado Noviembre, cuando 7 años y medio mas tarde, pude ver en vivo a The Waterboys con la formación nueva completa en el Webster Hall de New York. La herida cicatrizó pero cada tanto siento que me raspa.

Cada tanto, en lugar de agua oxigenada, me paso este video por la herida (que es tan bueno que no pudo haber pasado, es más está grabado, filmado pero nunca pasó) donde The Waterboys y The Frames hacen una versión demoledora de Be My Enemy (si te fijás bien, el que canta soy yo).



sábado, 22 de noviembre de 2008

Un grado de demencia.

Hoy ... LATE OF THE PIER.




Ah si. En UBU ROC ya hay un disco de LOTP autografiado.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

I wanna shoot the whole day down.


O la crónica de un viajero en el tiempo.

Cuando eramos chicos, en el destiempo, gran parte de la música que escuchabamos venía de un altillo. El dueño de altillo, Don James, era algunos años más grande que nosotros obviamente. Y en nuestra fantasía (todo era fantasía en esas épocas, sin blogs, sin redes, sin TV las 24 horas, sin youtube, sin revistas al alcance de la mano, sin...) Don James hablaba con los dioses que le decían que se escuchaba donde se escuchaban las cosas que valían la pena.

Una tarde de junio de 1985 estabamos sentados en el cordón de una vereda en barranca mirando a Coke, Chita, Molina (no Ralph Molina, el otro) y no se quien más hacer piruetas en skate sobre un half pipe que ellos habían armado en lo de Coke. Llegó Don James en su camioneta, abrió la puerta, puso música y cambió mi vida (y la de algunos más que estabamos ahí). Nadie se animó a preguntar quién era ese que lloraba desde el cassette pero todos nos miramos congelados. Algo estaba pasando, algo que Mr. Jones no hubiese entendido.

Don James puso dos cassettes que hicieron temblar la barranca, The Head on the Door y después un único tema de The Boomtown Rats.

Hubo una época, cuenta Stanley, en que The Boomtown Rats dominó la escena mundial con señorío. Eran el sonido nuevo y nada se les comparaba.

Don James me recordó el otro día que I don´t like Mondays se editó en esas tierras lejanas del cono sur en un cassette de los del tipo que mezclaban Bob Marley, con ABBA, con Gladys Night, con Toquinho, Mike Rivas (el que le hacía la música a Balá). Antes por allá, donde vivíamos cuando eramos chicos, era así. Igual de no contemporáneo que ahora pero más auténtico, bah.

Más tarde "mondays" apareció en The Secret Police Ball que nos compró mi vieja y escuchabamos mientras nos cocinábamos en la camioneta peugeot en la costa mientras todos iban a la playa. Era, para mí, el tema que se destacaba.

Don James me recordó el otro día que en esa época se solía decir "esta es la versión en la que Geldof llora, ¿sabías que Geldof llora en esta canción?". Antes se decían esas cosas, repetíamos cosas como "una vez, Hendrix hizo un solo con un clavo", o "el guitarrista de The Who rompía una guitarra de un millón de dolares por concierto", o "Jagger es novio de Bowie pero nadie lo sabe", o "dicen que esa parte de A day in the life después del arreglo orquestral en que hay un silencio, en realidad hay un sonido que solo pueden escuchar los perros". Nos parecía que al decir esas cosas entrabamos un poco más en ese mundo que ingorabamos y añorábamos. Antes se decían ese tipo de cosas. Antes todo era así, uno podía pasar horas, esuchando la misma canción y repitiendo las mismas historias.

Todo se reducía a tener esa única versión de Geldof "llorando" la canción, la historia "en esta canción Geldof llora" y la propia imaginación. Y esa secuencia se repetía con cada una de las bandas y los sonidos que nos llegaban, en gran parte desde el altillo de Don James.



martes, 11 de noviembre de 2008

Jimmy Jazz o la loca de los perros.


Entonces un día me encuentro con Mária (nombre de varón, no de mujer) que me dice "hoy la loca de los perros se levantó la pollera y nos corrió dos cuadras con un cuchillo, y despues yo le pegué una patada y nos agarramos a piñas". La loca de los perros vivía en el río, creo, pero estaba todo el día en la calle, en alguna de las cuadras de a la vuelta de nuestras casas.

Era la época en que dabamos la vida por un cassette. Así fue como Mária puso en peligro su vida, para ir a la casa de Julian (yulian) a buscar el de The Clash. Tuvo un combate tremendo, dicen, con la loca de los perros por ese cassette. Después, valió la pena. Ese cassette resultó ser uno de los discos más grandes de la historia del rock. A la tarde de ese día me lo pasó a mí. Y así cambió la vida, del disco y la mía. La vida del disco cambió de modo imperceptible, simplemente un enfermo más adicto a él. Mi vida cambió de pe a pa (nunca entendí esa expresión).

Como si fuera parte de una conversación eterna que no estabamos manteniendo, el otro día Nalga me preguntó, mientras sonaba Guns of Brixton en un casamiento, "¿Y? es o no es el mejor disco de la historia?"

Y que se yo mi viejo! Si no lo es (como tantos -o no tantos- otros) merece serlo... le contesté. Ese TDK fue mi obsesión durante años.

Jimmy Jazz era el nexo entre la música punk que yo escuchaba hasta explotar y Frank Sinatra, que escuchaba mi viejo. Jimmy Jazz era el sónido del swing que nunca tuve ni tendré. La pucha.

Hay que hacer un estudio de Joe Strummer y de Frank Sinatra y de Shane MacGowan, se me ocurre para explorar en que punto del universo se encontraron.