
O la crónica de un viajero en el tiempo.
Cuando eramos chicos, en el destiempo, gran parte de la música que escuchabamos venía de un altillo. El dueño de altillo, Don James, era algunos años más grande que nosotros obviamente. Y en nuestra fantasía (todo era fantasía en esas épocas, sin blogs, sin redes, sin TV las 24 horas, sin youtube, sin revistas al alcance de la mano, sin...) Don James hablaba con los dioses que le decían que se escuchaba donde se escuchaban las cosas que valían la pena.
Una tarde de junio de 1985 estabamos sentados en el cordón de una vereda en barranca mirando a Coke, Chita, Molina (no Ralph Molina, el otro) y no se quien más hacer piruetas en skate sobre un half pipe que ellos habían armado en lo de Coke. Llegó Don James en su camioneta, abrió la puerta, puso música y cambió mi vida (y la de algunos más que estabamos ahí). Nadie se animó a preguntar quién era ese que lloraba desde el cassette pero todos nos miramos congelados. Algo estaba pasando, algo que Mr. Jones no hubiese entendido.
Don James puso dos cassettes que hicieron temblar la barranca, The Head on the Door y después un único tema de The Boomtown Rats.
Hubo una época, cuenta Stanley, en que The Boomtown Rats dominó la escena mundial con señorío. Eran el sonido nuevo y nada se les comparaba.
Don James me recordó el otro día que I don´t like Mondays se editó en esas tierras lejanas del cono sur en un cassette de los del tipo que mezclaban Bob Marley, con ABBA, con Gladys Night, con Toquinho, Mike Rivas (el que le hacía la música a Balá). Antes por allá, donde vivíamos cuando eramos chicos, era así. Igual de no contemporáneo que ahora pero más auténtico, bah.
Más tarde "mondays" apareció en The Secret Police Ball que nos compró mi vieja y escuchabamos mientras nos cocinábamos en la camioneta peugeot en la costa mientras todos iban a la playa. Era, para mí, el tema que se destacaba.
Don James me recordó el otro día que en esa época se solía decir "esta es la versión en la que Geldof llora, ¿sabías que Geldof llora en esta canción?". Antes se decían esas cosas, repetíamos cosas como "una vez, Hendrix hizo un solo con un clavo", o "el guitarrista de The Who rompía una guitarra de un millón de dolares por concierto", o "Jagger es novio de Bowie pero nadie lo sabe", o "dicen que esa parte de A day in the life después del arreglo orquestral en que hay un silencio, en realidad hay un sonido que solo pueden escuchar los perros". Nos parecía que al decir esas cosas entrabamos un poco más en ese mundo que ingorabamos y añorábamos. Antes se decían ese tipo de cosas. Antes todo era así, uno podía pasar horas, esuchando la misma canción y repitiendo las mismas historias.
Todo se reducía a tener esa única versión de Geldof "llorando" la canción, la historia "en esta canción Geldof llora" y la propia imaginación. Y esa secuencia se repetía con cada una de las bandas y los sonidos que nos llegaban, en gran parte desde el altillo de Don James.
Cuando eramos chicos, en el destiempo, gran parte de la música que escuchabamos venía de un altillo. El dueño de altillo, Don James, era algunos años más grande que nosotros obviamente. Y en nuestra fantasía (todo era fantasía en esas épocas, sin blogs, sin redes, sin TV las 24 horas, sin youtube, sin revistas al alcance de la mano, sin...) Don James hablaba con los dioses que le decían que se escuchaba donde se escuchaban las cosas que valían la pena.
Una tarde de junio de 1985 estabamos sentados en el cordón de una vereda en barranca mirando a Coke, Chita, Molina (no Ralph Molina, el otro) y no se quien más hacer piruetas en skate sobre un half pipe que ellos habían armado en lo de Coke. Llegó Don James en su camioneta, abrió la puerta, puso música y cambió mi vida (y la de algunos más que estabamos ahí). Nadie se animó a preguntar quién era ese que lloraba desde el cassette pero todos nos miramos congelados. Algo estaba pasando, algo que Mr. Jones no hubiese entendido.
Don James puso dos cassettes que hicieron temblar la barranca, The Head on the Door y después un único tema de The Boomtown Rats.
Hubo una época, cuenta Stanley, en que The Boomtown Rats dominó la escena mundial con señorío. Eran el sonido nuevo y nada se les comparaba.
Don James me recordó el otro día que I don´t like Mondays se editó en esas tierras lejanas del cono sur en un cassette de los del tipo que mezclaban Bob Marley, con ABBA, con Gladys Night, con Toquinho, Mike Rivas (el que le hacía la música a Balá). Antes por allá, donde vivíamos cuando eramos chicos, era así. Igual de no contemporáneo que ahora pero más auténtico, bah.
Más tarde "mondays" apareció en The Secret Police Ball que nos compró mi vieja y escuchabamos mientras nos cocinábamos en la camioneta peugeot en la costa mientras todos iban a la playa. Era, para mí, el tema que se destacaba.
Don James me recordó el otro día que en esa época se solía decir "esta es la versión en la que Geldof llora, ¿sabías que Geldof llora en esta canción?". Antes se decían esas cosas, repetíamos cosas como "una vez, Hendrix hizo un solo con un clavo", o "el guitarrista de The Who rompía una guitarra de un millón de dolares por concierto", o "Jagger es novio de Bowie pero nadie lo sabe", o "dicen que esa parte de A day in the life después del arreglo orquestral en que hay un silencio, en realidad hay un sonido que solo pueden escuchar los perros". Nos parecía que al decir esas cosas entrabamos un poco más en ese mundo que ingorabamos y añorábamos. Antes se decían ese tipo de cosas. Antes todo era así, uno podía pasar horas, esuchando la misma canción y repitiendo las mismas historias.
Todo se reducía a tener esa única versión de Geldof "llorando" la canción, la historia "en esta canción Geldof llora" y la propia imaginación. Y esa secuencia se repetía con cada una de las bandas y los sonidos que nos llegaban, en gran parte desde el altillo de Don James.
1 comentario:
Justo la otra vez me colgué viendo la versión que hacen de este tema en Live Aid. Excelente.
(algún día pasaré por UBU)
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