Timmy tiene un año y cuatro meses. Un año y cuatro meses. El sábado subimos al auto y nos fuimos a un campo, al medio de la nada (o del todo -en realidad, la nada es esto donde estamos metidos habitualmente-).A medida que ibamos por la ruta aparecían arboles y Timmy los señalaba y se ponía contento. Con los primeros caballos empezó a hacer ese ruido con la lengua cuando se despega del paladar y que intenta imitar el sonido de los cascos contra el piso.
Pero algo lo esperaba. Una nueva experiencia. Única. Nunca había visto un gallo en su vida. Bajamos del auto y lo primero que escuchó fue el grito del gallo (cocorocooooooooo!!!!!). Y se puso tenso, alerta. Abrió los ojos como dos huevos fritos y levantó los brazos al cielo. Pero se quedó estático, como presintiendo que algo extraordinario iba a pasar.
Un segundo (que pareció una eternidad) más tarde apareció de atrás de una vieja pared un ave. Enorme, erguida, con el orgullo de saber que era su show. Apareció el GALLO. Movio las alas y camino unos cuatro metros justo por adelante de los ojos de Timmy.
Los ojos de Timmy captaban por primera vez en su vida la imagen del gallo. Su sistema nervioso, su piel se paralizó frente a esa maravilla. Quedó unos segundos sin respirar, todavía con los brazos en alto. Y de repente, empezó a gritar, AAAAAAAAHHHHHHHHH AAAAAHHHHHHHH AAAAAAAHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Como un demente. Es que mucha realidad y belleza juntas vuelven loco a cualquiera. Como un demente hermoso, alegre y extasiado. Los gritos eran la expresión corporal de que su cuerpo y mente y espiritu habían rebalsado frente al enorme espectáculo de gallo. EL GALLO.
Y ahí, en ese momento, frente a esa imagen me dí cuenta da varias cosas. La primera es que el gallo es un animal fantástico, hermoso, imposible, impensable. La segunda es que estaba presenciando el momento exacto en que el hombre (Timmy) descubre lo imposible, lo incalculable, lo impredecible, un gallo. La tercera es que eso, esa experiencia de asombro, una vez perdida la infancia, no pasa más. O casi.
Durante la infancia el descubrimiento de lo imposible, el "viaje a la luna" o al "centro de la tierra" se produce todos los días, prácticamente. Especialmente durante los primeros 3 o 4 años de edad.
Y ahí es donde aparece el choque de sentimientos (míos). Ser testigo de ese descubrimiento por parte de Timmy me generó admiración y alegría. Pero (y hay un gran "pero") también nostalgia, casi tristeza.
Tristeza por mi propio límite, por tomar conciencia de que los gallos hace rato que no aparecen... y los sigo buscando. Y siguen sin aparecer.
Y se me ocurre que (entre otras cosas mucho más importantes) cada vez que compramos un disco estamos esperando al GALLO. Estamos esperando que ese disco tenga al GALLO de Timmy.
Y el Gallo no aparece, ni amenaza con aparecer... (como dijo un amigo mío, "qué va a aparecer...").
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