miércoles, 6 de agosto de 2008

From a (chelsea)basement on the Hill.



Entonces el 13 de marzo de 1998 pasó lo que a veces pasa. Por las rajaduras de lo que está roto, a veces, muy de vez en cuando, se filtra un rayo de luz. Hermoso. Puro. Que destruye todo, que paraliza la historia, al menos por unos segundos.

Y sólo para los que están atentos se convierte en un momento milagroso. Un momento donde todo tiene sentido. Mr. Jones se da cuenta que algo pasa, que algo acaba de suceder frente a sus ojos. Pero está tan enceguecido de años de torpeza y fea parafernalia que no sabe lo que es. Mr Jones, sabe que algo pasó pero no sabe lo que es.

A veces pasa. Hay algunos ejemplos mas recientes que este que recordamos hoy.

El 13 de marzo de 1998, quienes le escribieron la canción My Heart Will Go On de la película Titanic a Celine Dion, ganaron el Oscar. La máquina ganó. Sin embargo, en la definición por penales que ya estaba arreglada, se filtró el aire fresco, se filtró la dulzura y la caricia nostálgica. Se filtró el error. Se les escapó, no lo supieron evitar, ni siquiera lo vieron venir. Un huracán silencioso. Entre los sonidos metálicos de la máquina se escuchó el corazón de un niño dulce.

Ese año, como casi todos, tocaban en la gran gala de la Academia los nominados a mejor canción y por esos favores que a veces las almas escondidas nos hacen, Elliott Smith fue nominado por su canción Miss Misery de la película Goodwill Hunting.

Yo todavía me acuerdo lo que sentí al verlo entrar al escenario, frente a los lobos (y algún cordero habría entre el público) vestido de blanco, solo, con su guitarra acústica. Su pelo sin lavar tirado para adelante, su eterna muñequera de cuero que se adivinaba por debajo de la camisa oscura. Zapatos negros y su piecito moviéndose de costado.

Es una de esas que cosas que nunca me voy a olvidar. La noche que ví a Elliott Smith tocar Miss Misery en la entrega de los premios Oscar. El rayo de luz entre las rendijas. Y dos minutos después, mientras el premio se lo llevaba otro, Mr. Jones miraba para todos lados desconcertado, algo había pasado pero él no podía saber que era. ¿Porqué? Que alguien me explique porqué esa noche me fuí a dormir como si mi equipo hubiese salido campeón del mundo (no digo la selección de mi país, digo mi equipo de amigos del barrio).


Decir que amamos todo de Elliott es poco. Podemos pasar minutos enteros mirando una foto suya, adivinando esa fragilidad bella. Somos así, Elliott Smith nos parece bello en todo sentido. Sus videos nos lastiman.

Nació el 6 de agosto de 1969 en Omaha, Nebraska y pasó su infancia y juventud en Texas y Oregon. Ah, ese dato es obviamente la excusa que tuvimos hoy para recordar a nuestro amigo. 

El 22 de octubre de 2003 me llama mi hermano Polixx y me dice “te enteraste? Ayer murió Elliott”. Fue un puñal en el pecho. Digo, él murió con un puñal en el pecho y un puñal en el pecho es lo que me clavó Polixx con la noticia. O sea, fueron dos puñales en el pecho. En su caso, cuenta la historia que discutió con su novia. Esta se encerró en el baño y al salir lo vió a Elliott con un puñal en el pecho, como te decía. En verdad nunca se resolvió si fue suicidio u homicidio. No importa. Este misterio, banal, vuelve todo más romántico todavía.

Elliott nunca se recuperó de las dos heridas cortantes en el tórax y murió en el hospital. Y yo nunca me recuperé de aquella herida cortante en el corazón que me causó Polixx. Nunca superé no haberlo visto en persona. Nunca supere no haberle dicho cuanto su música me cambió, cuan feliz su tristeza me hacía. Nunca supo cuanto mi niño se había conectado con el suyo. Cuanto me sanó con su dulzura. Así, en 34 años este susurrador de tornados emocionales, nació y murió. Y en el medio nos dejó una obra que alcanza niveles de belleza difíciles de repetir.

Ya no te puedo asegurar nada, pero si buscas con atención, inclusive en las remotas tierras de Buenos Aires se pueden conseguir Roman Candle, el homónimo Elliott Smith, Either/Or o XO. Menos suerte tendrás con Figure 8, From a Basement on the Hill y New Moon.

Si buscas con atención lo vas a encontrar y vas a ver que el sonido de su voz de ángel, su poesía de las entrañas soleadas, de la hermosa tristeza y su desgarbada inocencia, fragilidad y timidez te pueden resultar familiares. Y sino, vení a ver como se siente todo eso acá abajo, en el Chelseabasement, donde Elliott sigue sangrando... y cantando.

1 comentario:

Jaglo dijo...

Me acuerdo del día de la noticia y se me pone la piel de gallina. para colmo estaba en esa etapa que te agarra de amor intenso por un artista, cuando todo pasó. Me marcó para siempre y me marcó para bien. Escucho a Elliott y no puedo dejar de pensar en ese maldito cuchillo que hizo que todo termine tan bien.