domingo, 11 de enero de 2009

I`m a man and I believe in the Promise Land.

En las últimas semanas me participé de casualidad en varias conversaciones con diferentes personas en las que se puso en duda el valor de Bruce Springsteen como músico. En este sótano ya hemos hablado de él, ya hemos mostrado a algunos de sus múltiples hijos (ver los posts "The amazing Bruce`s sons and daughters"). Y no es la primera vez. A lo largo de mi vida me crucé con muchos que ponen en dudas a Bruce sin ni siquiera conocerlo. Bueno, la cuestión es que esas discusiones recientes me hicieron acordar que hace poco menos de un año les envié a mis amigos y hermanos una crónica sobre Bruce, escrita a partir de haber concurrido a su concierto de Uniondale, Long Island.

Aquí va la crónica. Como para que no tengamos que tocar más el tema. Escuchen los discos, después, si quieren, hablamos.

Bruce Springsteen, Nassau Coliseum, Uniondale March 10th, 2008 (a chronicle).

Adelanto, soy consciente de antemano del "tono" que tiene esta crónica. No me digan: "don`t patronize me...!". No lo hago, juro que no lo hago. Tomen todo como si fuese yo que hablo conmigo mismo. No quiero entrar en debates innecesarios, no me interesa.

Bruce fue un descubrimiento tardío en mi mapa musical. Todavía recuerdo aquellas tardes de 1984/5 en las que escuchaba Born in the USA sin entender nada de lo que se cantaba allí ni de lo que se trataba. Luego lo abandone. Me adentré en la música punk y Bruce quedo en el olvido, ubicado en el continente de música americana que no me decía nada. O mejor, que yo no entendía nada. La tradición americana tenía mucho para darme, yo era el que no estaba listo.

Por ese entonces, y como siempre, las islas me llamaban más. Mas tarde, en 1987, reapareció con un disco en vivo. Recuerdo de ese disco la versión de War y de The River. Sobre finales del año 1988 Bruce toco en Buenos Aires como parte del Amnesty Internacional Tour y fue legendario para los que estuvieron allí. Yo no estuve, pero lo escuché en directo por radio mientras estudiaba para un examen de World Affairs para la Universidad de Cambridge. Me acuerdo todavía como corría la adrenalina por mi cuerpo mientras llegaban esos sonidos desde la cancha de River, a través de la vieja Rock and Pop. Me dejó perplejo, pero eso no alcanzó para derribar mis prejuicios hacia él. Hasta alguna vez afirmé yo (sin poder distinguir un DO de un RE) que Bruce no sabía tocar la guitarra. Ay, pobre de mí.

Y por ese entonces se hizo famosa la anécdota (exagerada o inventada) contada por Charly García hasta el hartazgo en que aparentemente este último lo habría corregido a Bruce cuando estaban ensayando Get up Stand up. Le explicó que las letras que Bruce quería meter en la melodía no daban con el tono o el tempo o no se qué idiotez. El peor disco de Bruce es al mejor disco de García lo que la Novena Sinfonía de Beethoven a la lambada. Así estamos. Pero sigo con el cuento.

En Argentina nunca se conoció al verdadero Bruce. Digo mejor, en Argentina nunca se conoció a Bruce Springsteen. Period. Yo conozco a una sola persona que realmente sabe y entiende algo sobre Bruce (y obviamente no lo quiere reconocer). Y conozco a algunas pocas que gustan de escuchar alguno o algunos de sus discos, pero aún así no lo conocen en su totalidad. En todo su color. En todos sus tonos.

Bruce tiene 16 inmaculados discos de estudio. Sin pifies. De esos 16, los primeros 8 son clásicos del tamaño de Freewheeling o Blood on the Tracks de Dylan. Y otros tantos en vivo y algunas recopilaciones, más dos ediciones de canciones Lados B y canciones inéditas que alcanzarían para editar 6 discos más con canciones nuevas y tan buenas como cualquiera de sus mejores. A la Argentina solo llegó algún Greatest Hits o Born in the USA. Más tarde llegaron ediciones de Tom Joad, The Rising y el genial Seeger Sessions. De aquellos primeros 8 discos que son clásicos instantáneos llegó solamente uno (Born in the USA) y una edición brasilera de Nebraska que casi no se consigue. Punto.

Sin embargo, el argentino medio, intoxicado con el antiamericanismo que nos hicieron deglutir y repetir como loros en los últimos treinta años, no entiende nada sobre Bruce Springsteen y no podría hacerlo desde la soberbia generalizada y la ignorancia culpable en que se mueve. El argentino medio sigue repitiendo sin saber porqué que “Charly (García) es un genio” y aclara que el tipo podía leer a Mozart a los 5 años y que si no estuviese destruido sería más grande que Piazzola. El argentino medio repite formulas como un loro, de mediana mediocridad, sin ningún sentido y fundamento en la verdad. El argentino medio siente rechazo (sin saber que “oposición es subordinación” decía un sabio filosofo) por todo lo que venga de la cultura norteamericana, o por todo lo que sea genuinamente norteamericano. Excepto por los Simpson o la vacuidad de series idiotas como Friends, porque para el descerebre estamos a la orden del día. El argentino medio no entendie ni conoce a Bruce, ni a Dylan, ni a la cultura americana pero se desespera por el último capítulo de Desperate Housewives. Mientras desecha o ignora lo mejor, compra lo peor. El argentino medio “excentrico” lee a Bukousky y no entiende a Dylan.

El argentino medio, si se le pregunta de que trata Born in the USA, si se le pide que defina la canción en pocas palabras, arriesgaría que es un canto en defensa del “imperio”. Contra semejante ignorancia no se puede. No se puede ni siquiera intentar explicar nada. El desgaste mental (no me refiero al cansancio, sino a la erosión del cerebro) sufrido por el argentino medio es tan grande que poco y nada se puede hacer. Más que exponer la verdad y esperar. Bueno, ¿porque me salen todas estas reflexiones al hablar de Bruce? Porque ahí está la cuestión, Bruce no es popular en Argentina porque es Yankee. Ni más ni menos. Sin embargo nadie sabe bien lo que eso significa. En caso de que signifique algo.

Es el mismo argentino medio (o tal vez una versión un poco más refinada, digamos más de San Isidro que de Flores –aunque el de Flores no se salva ni a palos-) que fue a ver a Bob Dylan porque “es una leyenda” y no entienden nada de Dylan ni de leyendas. Nada. Sin embargo, debería alcanzar afirmar que Bruce pertenece a un panteón de músicos donde se encuentran Dylan, Van Morrison, Neil Young y en algún sentido Joe Strummer y muy por encima de músicos mas “hypeados” por la prensa (y por los descerebrados de San Isidro) y la “inteligentzia cool” como Brian Wilson.

En un mundo normal yo diría “fui a ver a Bruce Springsteen” y todos entenderían lo inmenso de esa frase. En Argentina, gracias a los enormes educadores que tuvimos (no me refiero a nosotros en particular sino al argentino medio, insisto), tengo que hacer miles de aclaraciones y cuentos para que el lector tenga alguna remota idea de lo que significa. Y eso que ni siquiera yo soy conciente de lo grande de la experiencia, pero al menos me doy cuenta que fue algo grande, inabarcable, insondable, como la propia obra musical de The Boss.

Gracias a Dios, los tengo a ustedes, mis amigos que por gracia divina entienden las cosas y son tipos abiertos. Pero imaginen este mail publicado como editorial de La Nación o del Si de Clarín. Voy en cana a las 24 horas.

Sería largo de contar, de explicar para que se trate de entender el mapa al que pertenece Bruce. Será trabajo de otro día. Que a pedido de alguno de ustedes gustosamente haré, iniciarlos en el enorme riquísimo mundo de Bruce. Les grabaré los discos, les haré recopilaciones para el auto, les prestaré los DVDs, todo a pedido. The important thing is to spread the Word.

Así de grave es la ignorancia sobre este singer-songwriter. Bruce (junto con Dylan) es para los Estados Unidos lo que The Beatles fueron para el Reino Unido. Bruce es para la cultura tan grande como Gershwin. Sí, el matrimonio del primer Van Morrison y Bob Dylan tuvo un hijo (que lo tuvo), ese hijo se llama Bruce Springsteen. Un hijo que igualó a sus padres. Así de grave es no conocer y no entender la obra de Bruce. En realidad, no es grave no conocerla (nadie está obligado), lo grave es suponer y afirmar que nada tiene para ofrecer y rechazarla sin haber escuchado un disco entero dejando de lado cualquier prejuicio adolescente.

Luego de 1989 lo volví a perder para reencontrarlo en Filadelfia. Cuando escuché su versión de ese tema para la película homónima quedé perplejo por segunda vez. Me acuerdo que esa canción me cautivó y en su momento me hizo pensar “nunca escuché nada igual a esto”. Más todavía me cautivó el video de él caminando con capucha y campera de cuero por las calles de Filadelfia. Bruce tiene más rock en su estructura genética que cualquier argentino que haya nacido y vaya a nacer en los próximos 100 años. A menos que nos invadan los “Manchesterianos” y empecemos a tener hijos con ellos. Pero eso no va a pasar. Ni siquiera ese sacudón logró que yo dejara de lado mi prejuicio hacia Bruce. Y nada mas. Ahí volvió a desaparecer.

Cuando me volví un amante de todo lo que hizo Badly Drawn Boy allí por el año 2000 y los ocho que le siguieron, me sorprendí al leer una entrevista en la que Damon Gough afirmaba que su influencia máxima era Bruce, que había decidido hacerse músico gracias a Bruce y afirmaba sin un segundo de duda que Bruce era el músico moderno más importante de los que están vivos y que Born to Run era el mejor disco de la historia. Yo pensé “o esto es una pose excéntrica de BDB o yo en realidad nunca escuché ni entendí a Bruce”. Pero el problema es que Damon no es un tipo de tener poses, lo cual me dejaba con la segunda opción. Y ahí me di cuenta que nunca había “escuchado” a Bruce. Conocía algunas de sus composiciones más exitosas como Born in the USA, Dancing in the Dark, My Hometown… y pará de contar. Es decir tres canciones de un solo disco.

Hace dos años estaba de viaje con Lara en Mar del Plata. Nos habíamos ido en Marzo de 2006 a desconectarnos. Una tarde de lluvia entré en una disquería de morondanga en la calle Alvear para ver con qué me topaba. Compre un disco, Born to Run. Tiene, junto con London Calling, la mejor tapa de disco de la historia. Me llamó la atención que esa disquería tuviera ese álbum que nunca fue editado en Argentina. Pensé “todos dicen que este disco cambio la historia, vamos a ver porque”. Sin dudas ese disco cambió la historia de la música, cambió el modo de concebir canciones, de componer, de grabar y de tocar. Fue una revolución. Y también es cierto que, sin esperarlo, me cambio a mi.

En ese momento BTR fue sanador para mi alma. Thunder Road me hizo temblar, Jungleland se convirtió en una especie de droga que no podía dejar de escuchar, Backstreets, She is One, BTR… cada tema era una bocanada de aire fresco, tan actual, tan cruda, sin embargo el disco había sido grabado en 1975. En ese momento yo necesitaba urgente enormes dosis de belleza, y BTR fue una fuente inagotable de ese trascendental.

Volví a Buenos Aires y en el siguiente año y medio comencé a comprar los otros discos de Bruce. Empecé por donde hay que empezar, el principio: Asbury Park. Quedé estúpido. ¿Que había estado haciendo yo con mi vida? Luego The Wild, the innocent… al principio me resultó árido pero también fue instantánea la certeza de que ese era un gran disco, que con el tiempo cautivaría mi oído y mi corazón y que descubriría en su totalidad durante mi vida en NYC.

Luego llegó a mis manos Darkness on the Edge of Town y ahí llegué a la puerta. A la puerta de Bruce. Ese se convirtió en mi disco “preferido” de Bruce. Que alguien me explique qué otro músico sacó cuatro primeros discos como esos, Asbury, The Wild, BTR, Darkness. Hagan la lista y van a ver quienes son los que empardan a Bruce. Es una categoría de unos cinco o seis. Nada más. Y después The River, Nebraska y Born in the USA. Madre Santa.

Este último fue el disco que lo puso en los grandes estadios, fue el disco que lo puso en las radios internacionales. Fue el disco que le dio fama internacional y que confundió a la mitad de la población mundial. Sin embargo ese disco es como una flor, abajo hay un tronco de añejo árbol y enormes raíces. Sin embargo, el “core” de Bruce está en los discos antes nombrados. Y en algunos de los posteriores.

Desde entonces no tuvo puntos débiles. Hay discos mejores y peores, pero Bruce es como Macca, no yerra. Puede decirse que Better Days y Human Touch fueron discos débiles, cierto. En el mapa de Bruce lo fueron, pero desafío a cualquier músico actual a sacar discos con esa debilidad. Además de esa época salieron joyas únicas como If you should fall behind. Una de las más grandes canciones de amor verdadero (no romántico) jamás escritas.

Porque al final del día, ¿de que se trata todo esto? Se trata de “canciones”. O tenés buenas canciones o no las tenés. Canciones que rompan el molde. Canciones que generen un molde, canciones. Canciones. Canciones. No hay que olvidar esto. Porque poco importan las lentejuelas y los brillos y las luces si no tenés CANCIONES. Bruce tiene en su haber muchas de las mejores canciones jamás compuestas.

Hoy bandas como Arcade Fire, The Nacional o The Killers (para nombrar solo tres de una extensa lista) afirman que Bruce es la mas grande influencia que tienen. ¿De donde vienen estas afirmaciones? ¿Cómo es que bandas súper escuchadas afirman que su máxima influencia es alguien poco escuchado afuera de la costa este de Estados Unidos y algún otro país como España, Italia, Inglaterra o Irlanda donde Bruce tiene un impacto increible? La respuesta es: esas bandas (como muchos de los mejores singer songwriters actuales, caso Josh Ritter) buscan componer “canciones”. Y donde van a buscar? A Dylan, a Cohen, a Young, a Bruce. Punto.

Con esta mochila saqué una entrada en reventa (200 dólares) para irme en tren a una hora y media de NYC a ver a The Boss en el que fue, según los fanáticos de la web uno de los tantos legendarios conciertos. Uno de esos que quedan en la historia. Y yo tuve la suerte de estar ahí.

Hace más de un año que no pasa una semana sin que escuche algo de Bruce, compré todos sus discos, DVDs, compré libros, me volví insaciable. Es que Bruce es inagotable. Su poesía supera por lejos la poesía de muchos de los músicos más prestigiosos. Y su conducta de vida y sus modos son cautivantes. No hay transfusiones de sangre, no hay amantes, viajes enormes ni grandes mansiones en diferentes costas de Europa. Hay familia, amigos, música y amor por lo propio. Y una pasión que no se acaba, que con los años se incrementa. En 2007 Bruce sacó Magic. El disco entero es una belleza. Quizás el mejor disco de ese año. Girls in their summer clothes es un tema que podría ser la puerta de entrada para entender a Bruce. Ese es el mundo de Bruce. Ese es el romanticismo de Bruce. Como me dijo un tipo en NY, “uno tiene la sensación de que Bruce cuando termina su concierto, se vuelve a su casa con Patti y sus tres hijos y al día siguiente trabaja en el taller mecánico que tiene al lado de la casa. En New Jersey. De donde nunca se fue definitivamente.”

A Bruce no se lo puede entender sin intentar al menos entender a la E Street Band. Bruce grabó discos acompañados de esta banda (varios de sus más importantes), grabó discos solo (casi casi él y su guitarra, Nebraska y Tom Joad) y grabó discos con otros músicos diferentes a la E Street. Sin embargo, the E Street Band (que debe su nombre al nombre de la calle en New Jersey, Asbury Park, donde se juntaban) es la banda de Bruce. Es una hermandad, una comunidad, un grupo de gitanos, una comparsa, transpiran rock.

Mi suerte no fue poca el 10 de Marzo pasado. Pude ver a Bruce acompañado de la E Street Band. Los únicos dos que faltaban de la banda eran Patti (la esposa de Bruce, de quien Bruce dijo “Patti says hello, she is at home with our three kids”) y Dani Federicci que para entonces estaba peleando con el cancer (Bruce nos dijo “Dani is doing well, still fighting”). Patti estuvo ausente para cuidar a los chicos durante toda la primer etapa de la gira Magic. Sin embargo, hace unos meses se volvió a subir al escenario cuando murió Dani Federicci. Lo hizo por pedido de su marido, quien necesitó mucho apoyo para continuar tocando luego de la perdida de su gran amigo. Las crónicas en Internet sobre los conciertos que siguieron a la muerte de Federicci son conmovedores.

Me tomé un tren de una hora desde Penn Station hacia Hamstead y de ahí una especie de remís hasta Uniondale, al Nassau Coliseum que es un estadio de Hockey sobre hielo. No hubo teloneros. Llegué temprano y me comí las dos mejores cheesburgers de toda mi estadía en US. Me posicioné a unos 15 metros del escenario y esperé durante tres horas a que se llenara el Estadio. A eso de las 9 de la noche no cabía un alfiler en ninguna parte, incluida toda la parte de atrás del escenario. El aire se cortaba con una púa. Yo tenía una excitación que no podía conmigo mismo.

Creo que fue a las 9.05 (pero importa poco en realidad) cuando se apagaron las luces y sin mas jugueteos apareció la música de una calesita. Esa música de calesita, o de casita de muñecas de la década del 40, mientras de a uno, empezando por Steve se fue poblando el escenario. Los últimos dos en entrar fueron Clarence y Bruce. Y ahí estalló el estadio al grito de BRRRRUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUCE!!!!!!!!!! Suena como un abucheo, pero es un grito de guerra o de fiesta.

Y el concierto empezó con Night del album Born to Run. La primer canción, la primer sorpresa. Para que se entienda, es como si te dijera que vas a ver a U2 y salen con Wire. Para cuando iban 3 minutos de canción yo ya tenía los ojos llenos de lágrimas. Estaba viendo a una leyenda en uno de sus mejores momentos. No era como ver a un músico que una vez fue grande y lo vas a ver porque es una leyenda. Esta es una leyenda viva. Su último disco, Magic, había sido elegido por cuanta revista especializada como uno de los tres mejores discos del año, al ladito de In Rainbows y del disco de The National. Así de actual es Bruce. Y no entender eso, es no entender el mapa actual de la música mundial.

Antes de Living in the Future dedicó unos minutos al obligado discurso contra el gobierno de George W. Bush. Y planteó algo poco escuchado por estas tierras, enfrentar al gobierno con esperanza y alegría. Y decir siempre la verdad.

Pero después de Living in the Future tocó Promise Land, como para dejar bien clarito que una cosa es el gobierno (o mejor, la actual administración) norteamericano y otra es el pueblo americano, el proyecto americano de nación, de gran nación. Ay Dios, cuanto para aprender. Para mí Promise Land fue otro de los puntos altos de la noche, quizás una de las 5 canciones que mas me gustan de Bruce. Y como si fuese poco la hizo seguir de Waiting on a sunny day (canción que tiene un significado muy especial porque casi todos los días la bailabamos con Justina en NYC, solo escuchar los primeros acordes me puso la piel de gallina, me unió a mi hija en el pecho y volví a emocionarme) y por una versión histórica de Incident. A mi costado había un hombre de barba blanca, tipo un hippie viejo, que me miraba extasiado. Creo que no podía entender la emoción que yo mostraba. No me importaba nada. Solo Bruce y su música.

Lo que pasa con las canciones de Bruce es que pintan a la perfección imágenes, personajes, historias de hombres comunes de Norteamérica (ahora lo puedo asegurar) y a la vez son universales. Guardan en su profundidad verdades sobre el hombre. Claro, es poesía, el que no quiera o pueda entender eso va a seguir pensando que Born in the USA es un canto sobre el orgullo americano (que bien estuviera que lo sea, de todos modos).

Para los coros Bruce quizo matar a todo el mundo y los comenzó nada menos que con Girls in their summer clothes y Jungleland (otra que encabeza las 5 mejores composiciones de Bruce, una obra de arte de principio a fin, una canción perfecta).

Abajo les mando el set list. Verán lo rico que fue y lo clásico que fue, todo un regalo.

Al llegar a casa, luego de otra hora de tren, y media hora de colectivo (más hora y media de esperar el tren) no podía dormir de la alegría. Sabía que había vivido algo que difícilmente se vuelva a repetir. Bruce no viene por hacia estos parajes. Menos ahora que la mediocridad argentina nada quiere saber del primer mundo, y se regocija en interminables conflictos unos con otros y todos con la naturaleza. Nada queda esperar, solo el recuerdo de esa gran noche, la emoción y los dones.

El SET LIST:

Night
Radio Nowhere
Lonesome Day
Adam Raised A Cain
Gypsy Biker
Magic
Reason To Believe
Because The Night
She's The One
Livin' In The Future
The Promised Land
Waitin' On A Sunny Day
Incident On 57th Street
Devil's Arcade
The Rising
Last To Die
Long Walk Home
Badlands

Girls In Their Summer Clothes
Jungleland
Born To Run
Dancing In The Dark
Ramrod
American Land


5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué grande Charly, es el Beatle argentino!

Anónimo dijo...

Si, y según se los escuché o leí de sus propias bocas: Calamaro es el Dylan, Birabent es el David Bowie, Gieco es el Pete Seeger, Melero es el Brian Eno argentino... Y GIT era The Police (Ana era Roxane) y los Cadillacs Madness... Te juro que una vez leí que el cantante de los Piojos es el Jim Morrison argentino y que Ricardo Mollo es el Hendrix... acá tenemos de todo, te lo juro... además de las cuatro estaciones, nieve, montañas y playa...
Kroke

Anónimo dijo...

Te olvidaste otro: Diego Frenkel es el David Byrne argentino.

Tenemos las 4 estaciones y chistes muy buenos.

Chino.

PS. los discos de Bruce los tenés en esa famosa "caja" llena de tesoros de difícil acceso?

Anónimo dijo...

Una que no va a tardar en salir: Pity es el Pete Doherty argentino.

Anónimo dijo...

Si, si!!!!

Y ahora tenemos el Paris Dakar mas peligroso y dificil del mundo.

Algunos estan en esa caja, otros los tengo mas mano. Hammersmith, Asbury Park, The wild, Born to Run, Darkness, The River te los puedo traer cuando quieras.
Kroke